Acabo de llegar a casa, arrastrada casi por una marea de gente que abarrota las calles de Bilbao, una marea de gente que va de una tienda a otra, sin poder contener casi el impulso irracional de consumo que a todos nos entra por esta fechas.

Sin embargo, buceando entre bolsas de regalos y personas, las grandes superficies comerciales, grandes marcas y multinacionales, aliñadas con esos villancicos taladrantes, sobreviven pequeñas islas, como pequeños tesoros, del pequeño comercio.

Son esos lugares con encanto, en los que puedes sentirte relajada, un poco liberada del stress que existe en la calle; muchas veces te conocen y te saludan preguntando si llevas lo de siempre, qué tal tu ama, o te cuenta la última anécdota que les ha pasado.

Continue Reading »